| Dinero no le falta. Carlos Cavagnaro vive en el
distinguido barrio de Recoleta, la zona más aristocrática de Buenos
Aires. Y si uno baja unos 450 kilómetros al sur y pasa por Necochea, su
ciudad natal, descubrirá que casi todo le pertenece. "Menos la iglesia,
el edificio de la alcaldía y el de la policía, el resto es casi todo de
él", exagera alguien que lo conoce bien.
Sin embargo, el mayor capital del ex entrenador de la Selecta no
son sus propiedades ni sus cuentas bancarias sino la vitalidad y la
energía con que encara cada día de su vida. Siempre una sonrisa, siempre
un comentario risueño, siempre una frase original... Está en Argentina,
pero sabe absolutamente todo lo que pasa en El Salvador, desde la
Selección, la interna de los clubes y hasta la supuesta ilegalidad de
Calvo.
¿Qué recuerda de El Salvador?
Muchísimas cosas y todas son buenas. Desde el día que tomé el avión
sigo todo lo que pasa ahí, no sólo lo deportivo, también lo social y lo
político. Estuve cinco meses, de los cuales pude trabajar tres, pero
siento que fue casi una vida, porque recibí mucho cariño. Yo llegué para
la Copa Uncaf y casi no tuve tiempo para entrenar. Pero se lograron
cosas, hicimos un gol después de 760 minutos y bailamos a Costa Rica.
¿Se escribe con alguien?
Con muchos. Con conocidos y desconocidos, amigos, enemigos.
En El Salvador casi todos dicen que el problema de la crisis son
los malos dirigentes. ¿Está de acuerdo?
Para nada. Para mí los dirigentes salvadoreños son muy buenos. Y
puedo nombrárselos uno a uno…
Adelante…
Don Beto Torres, Jorge Rajo, Hugo Villalta, dirigentes que conocían
todos los secretos. Y en los clubes, Reynaldo Valle, Jorge Villacorta,
Adalid Magaña. Después, Carlos Méndez Flores, un lujo. Le puedo nombrar a
Lisandro Pohl, a Marvin Bernal. Y Ricardo Padilla, que merecería un
capítulo aparte. ¿Quién dijo que no hay dirigentes capaces en El
Salvador?
¿Y entonces?
El tema es que no están unidos, no buscan el bien común. El
problema de los dirigentes es el canibalismo, se devoran unos a otros.
Ahora está el problema que muchos clubes no quieren prestar sus
jugadores a la Selecta.
Nunca tuve ese problema. Yo logré tener buena relación con los
técnicos y me adaptaba a ellos. Y los jugadores eran como mis hijos. Yo
recorrí 17,000 kilómetros por el país y siempre fui bien recibido. Si te
ponés a pensar, nadie hizo más en menos tiempo. Fijate lo que dejé…
¿Qué?
Yo descubrí a Anaya en Platense y se lo recomendé a FAS. A Manuel
Salazar lo vi en Telecom y lo llevé a la selección de Segunda, pero les
dije que era un fenómeno, que era un jugador de Primera. Lo mismo pasó
con Rolando Torres, que hoy está en Águila. Además, ahora son todos
jugadores de selección… En el Vista Hermosa, cuando estaba en Segunda, vi
a Manfredi Portillo y a otros chicos muy buenos. Y eso sólo en tres
meses. Mirá si me hubieran dejado trabajar más…
Hubiera encontrado más jugadores
Sin duda, porque los buenos jugadores están en las champas, hay que
ir a buscarlos. Con trabajo y dedicación, un jugador puede mejorar un
10%, pero el resto ya es genético, viene en la sangre.
Usted fue el que dijo que había que contratar a un preparador de
delanteros en vez de un preparador de arqueros. ¿Recuerda esa frase?
Por supuesto. Y pedí para ese puesto al Pelé Zapata, porque era un
delantero bárbaro. Pero no lo pudieron encontrar. Nadie sabía dónde
estaba… Igual, yo no creo que falten delanteros en el país.
¿Y entonces a qué se debe la falta de gol?
Es que a los delanteros los mandan a marcar, no a jugar. Están más
pendientes de lo que hace el rival de lo tienen que hacer ellos. No le
tengo miedo ir a jugar contra Estados Unidos al fútbol. Distinto es si
tenés que enfrentarte con ellos en una guerra nuclear, porque ahí sí te
destruyen. Pero al fútbol no me asustan… Ese es uno de los problemas, los
jugadores viven asustados. Cuando yo llegué, los jugadores tenían miedo
de salir a la calle con la ropa de la Selecta porque la gente los
insultaba. Yo les cambié la mentalidad.
Ahora le toca Panamá, un rival al que todos temen.
El Salvador la tiene fácil.
¿Cómo?
Sí, ¿cómo me va a asustar Panamá? El único que me preocupa de toda
la Concacaf es Honduras, porque además de buenos jugadores tienen mucho
amor propio. El resto no. México está en un momento lamentable. A
Guatemala se le están acabando los futbolistas emblemáticos. Costa Rica
está en baja. Y como dije antes, Estados Unidos sólo me asusta si fuera
una guerra…
Entonces, no le preocupa Panamá
No hay que preocuparse, hay que ocuparse de ver cómo ganar. Eso sí,
hay que jugar con el cuchillo entre los dientes y salir a atacar.
Su período en la Selecta fue sólo de cinco meses, ¿qué pasó? ¿Se
fue mal con los dirigentes?
Fue un tiempo corto, pero bueno. Ya estaba arreglada la llegada de
De los Cobos. Tuvimos algunos problemas con los federativos, pero fueron
balas de fogueo, fuegos de artificio, cosas propias del momento. Yo creo
que las dos partes nos equivocamos, principalmente yo. Pero terminamos
todo como personas de bien: a los abrazos y juntos hasta el aeropuerto.
¿Qué opina de los periodistas de El Salvador?
Son capaces…
¿Sí?
Sí, son capaces de cualquier cosa… No, ahora en serio, son muy
buenos, escriben muy bien y no analizan mal el fútbol, pero ustedes están
todos peleados entre sí. Es canibalismo puro, lo mismo que pasa con los
directivos. Igual, yo considero que mis verdaderos amigos en el
periodismo son aquellos que me han criticado más.
¿Por que?
Porque nunca confundí lo profesional con lo personal. Algo es
innegable. Aman a su país, el problema es que en vez de buscar la
evolución pretenden la revolución… Te voy a dar un ejemplo…
Dele…
Alguien está construyendo una casa. Viene el otro, y en vez de
seguirla, la tira abajo y empieza de cero. Por eso El Salvador no avanza.
Hay mucha ansiedad, quieren ver madura la fruta antes de tiempo y al
final se pudre todo.
¿Le ofrecieron dirigir algún equipo en el país?
Yo no dirijo clubes, y si estuve dirigiendo un club en Maldivas fue
porque me contrataron para fundar el club y armar toda su estructura. Una
vez me llamaron del Alianza, un equipo que para mí es como las
telenovelas mexicanas. Siempre comienzan riendo y terminan llorando. Es
por el apuro, por la ansiedad…
Suena su celular por enésima vez. Su colaborador le informa los
datos más recientes de su flamante página web –
www.carloscavagnaro.com.ar - y él los transmite. "Hay 85 entradas
de El Salvador en los últimos cinco días", repite. Es el mismo Cavagnaro,
ocurrente y locuaz, que pasó por tierras cuscatlecas. La única diferencia
es su aspecto. Se quitó completamente el cabello, un cambio de imagen que
estrenó cuando trabajó como reportero para la TV del sudoeste asiático en
Alemania 2006 y que luego adoptó permanentemente. "Tengo 62 años y estoy
mejor que nunca", aclara. Mientras toma un café, en un periódico ve una
foto de Chucho Ramírez, DT interino de la selección de México, y recuerda
"a éste lo hice debutar en el Atlante". Y sigue con la lista de sus ex
jugadores como José Pekerman y Horacio Cordero.
¿Cómo le fue en Maldivas?
Es un paraíso, unas playas increíbles. Unos socios de Roman
Abramovich, el del Chelsea, me llamaron para fundar un club, el V.B.Sport.
Lo armé, le hice la logística y lo dirigí la primera temporada. Lo
clasifiqué para la Copa de Asia y así que, tarea cumplida, me fui. Me
dieron mucho dinero, no me quejo. En las Maldivas gané en un año lo que
el DT de El Salvador gana en siete años.
¿Y si le fue tan bien por qué no se quedó?
Porque a pesar de lo bello de las islas, es muy duro vivir ahí. El
mes del Ramadán no se pasa más. Ahora la misma gente va a fundar otro
club en Nueva Delhi, así que iré a hacer un trabajo parecido.
Nombró a muchos dirigentes, pero no a Calvo.
Es que no lo conocí, leo de él todo el tiempo. Cuando yo estaba
ahí, él trabajaba en Canal 4.
¿Y qué sabe de Cristian Tobar, el chico de 14 años que llamó a la
Selecta?
Sé todo de él. Que juega en Estudiantes, que le fue muy bien cuando
fue a jugar a España con Fesa. Sé todo.
Alfredo Magaña dijo que usted había engañado a todos con el chico
Tobar
Leí esa entrevista de Magaña y me puso muy feliz lo que dijo. Me
hubiera preocupado si él coincidía conmigo.
¿Sigue pensando que Tobar estaba para jugar en la Selecta a esa
edad?
Por supuesto, pero la federación no quiso llevarlo a Guatemala. Le
hicieron mucho daño. Tenía mucha ilusión y lo tiraron de un quinto piso.
Tuvo que volver a empezar de nuevo. Igual, si tiene madera, y yo siempre
supe que la tenía, va a llegar. Salvando las distancias, lo mismo le pasó
a Maradona, que había debutado en la Selección muy joven y luego lo
dejaron afuera del Mundial 1978.
¿Qué opina del proyecto Fesa?
Es extraordinario. Lamentablemente no tengo el mail del presidente
Saca porque yo lo he sugerido en varios países de Asia y hubo gente muy
interesada. Eso sí, no hay que apurarlos. Por eso yo siempre hablo de las
tres T: trabajo, tiempo y triunfo.
¿Se considera un técnico caro o barato?
Te lo voy a contestar con una anécdota real. Una vez, en una
fábrica muy importante, se rompió una máquina y nadie podía repararla.
Ninguno sabía qué tenía. De repente, apareció alguien y en 25 minutos la
dejó lista. Cuando pasó la factura, se querían morir. Pretendía cobrar un
millón de dólares. Sin embargo, cuando el dueño de la fábrica vio la
factura, ordenó que se la pagaran de inmediato. ¿Sabés que decía la
factura?
No.
Por reparación de la máquina, 1 dólar. Por descubrir el desperfecto
de la máquina, 999,999 dólares. Esa es la clave, lo difícil es encontrar
lo que anda mal. Y a mí nadie me puede negar que tengo ese ojo de tigre
para ver las virtudes y los defectos. Eso sí, para solucionarlos se
necesitan más de los 25 minutos que debió usar el técnico para reparar la
máquina.
¿Qué opina del trabajo de De los Cobos?
Ya lleva, entre FAS y la Selecta, casi tres años. Quiere decir que
conoce muy bien el fútbol del país. Además, como es mexicano, conoce bien
a los salvadoreños. Y tuvo tiempo y muchísimos partidos de fogueo. Espero
que tenga toda la suerte que es necesaria en cualquier profesión. Haber
conseguido que la Fesfut lo lleve a Cancún a hacer una pretemporada me
demuestra que es una persona con un alto poder de convencimiento.
¿Usted hubiera ido a Cancún?
Ja, ja… Si a mí hasta me sacaron el carro para ir a ver los
partidos a Santa Ana… Pero no me quejo. Yo iba a dedo o me llevaban
amigos pero jamás me perdía un partido.
¿Algún día volvería a El Salvador?
Es que yo nunca me fui…
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